“Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”. Tito 2:13.
Papá Josué, así llamábamos a mi abuelito, vino a Lima a someterse a una cirugía de vesícula. Luego de un chequeo clínico completo, los médicos se dieron cuenta de que el problema era más grave.
Cuando Jesús entró en casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre se le quitó; luego ella se levantó y comenzó a servirle. Mateo 8:14, 15.
Todo lo que la Biblia dice de la suegra de Pedro está en esos dos cortos versículos. Jesús fue a la casa de Pedro. La suegra estaba con fiebre. Él la tocó. Ella se curó, se levantó y lo sirvió.
«Alejen de ustedes la amargura, las pasiones, los enojos, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo» (Efesios 4: 31, 32).
Cuando era pequeña, solía visitar a mi abuela. Mi abuela siempre tenía una tetera calentándose en la cocina de hierro.
Y [...] Dios [...] había abierto la puerta de la fe a los gentiles. Hechos 14:27.
Ayer observamos que la Asociación de Escuelas Sabáticas destinó las ofrendas de la última parte de 1890 a fin de iniciar la Misión Sudamericana de la iglesia.
«Dichosos ustedes, cuando la gente los insulte y los maltrate, y cuando por causa mía los ataquen con toda clase de mentira Alégrense, estén contentos, porque van a recibir un gran premio en el cielo» (Mateo 5: 11, 12)
Sería bueno que cada vez que alguien te insultara o dijera mentiras de ti, luego pidiera disculpas públicamente como hizo Teresa.
Como me envió el Padre, así también yo os envío. Juan 20:21.
Muchos de los misioneros adventistas pioneros no contaban con el apoyo de ninguna “organización”; el Espíritu los impulsaba a ir como obreros de sostén propio. Así ocurrió con Sudamérica.